martes, 23 de junio de 2015


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Joyas poéticas de Tomé

Variados poetas y poetisas han dejado impreso en sus obras el nombre de TOMÉ y sus alrededores. La más antigua mención es la que hizo don Alonso de Ercilla y Zuñiga, en el Canto II de "La Araucana", donde se refiere al ulmen Lel Tomé, cuando asistió a la asamblea del pueblo araucano, realizada el año 1533, en el sector Ramadilla, actual provincia de Arauco, ocasión en que fue elegido Caupolicán como toqui.

La poetisa Gabriela Mistral, en su libro "Poema de Chile" destaca a Tomé por su condición textil. El libro cuenta la historia de una mujer que retorna a la patria convertida en fantasma. Inicia su viaje en el norte del país, donde encuentra a un indiecito atacameño, un niño-ciervo, con el cual recorre Chile. El libro, obra inconclusa de Gabriela Mistral, fue publicado en 1967, diez años después de su fallecimiento.
A continuación se ofrece una selección de poemas referidos a Tomé

 A n t e p a s a d o s      T o m e c i n o s

Román Villeg 
Roto el polen de azules equinoccios
los espejos olvidan sus reflejos.

¿Dónde están sus ignotas sepulturas
cubiertas de polvo y silencio?

¿Dónde están sus manos seculares
que trocaron arado por telar? 

Un día sin registro se marcharon
y dejaron sus huesos frente al mar.-

Himno a Tomé


Tulio Canto Quintana

Cerros que hablan a nuestra bahía
son los cerros de grande amistad.
Gente brava consagra su vida
postulando la fraternidad.

Tierra verde y azules mareas
cada día nos ceban la mies 
con las manos de múltiples fuerzas,
con la lana, la sierra y la red. 
C O R O
Tomé - Tomé 
Pescador, talador Tomé. 
Tomé tejedor,
Tomé de los cerros.
Las arenas de cálidos sueños
siempre invitan al tierno solaz,
ayudemos al huésped serenos
a bajar nuestro bravo portal.
Cuidaremos tu límpido cielo 
defendiendo tu espejo en el mar.
¡Pinos, peces y paños tendremos.
Nuestras plumas dirán: ¡Aquí están!
Música: Cipriano González

Fontana de Tritones

de Tomé

Joya antigua que admira
toda la ronda de cerros.
Bella fontana que luce
el corazón de mi pueblo.
Acuarios de los recuerdos
traen peces de infancia,
tritones de Poseidón y
somormujos de Francia.
El viento no agita juncos.
El ángel ignora vuelos.
Vuelves a estar erguida
después de besar el suelo.
Paloma de la templanza
arrulla toda tu historia.
Violetas de simple ramo
perfuman nuestra memoria.
Román Villeg

Ulmén Lel Tomé

en "LA ARAUCANA"

Alonso de Ercilla y Zuñiga


"Tomé y Andalicán también vinieron,
que eran del araucano regimiento
y otros muchos cacique acudieron
que por no ser prolijo no los cuento.
Todos con leda faz se recibieron, 
mostrando en verse gran contento. 
Despues de razonar en su venida, 
se comenzó la espléndida comida.

"Tomé y otros caciques se metieron
en medio de estos bárbaros de presto
y con dificultad los despartieron,
que no hicieron poco en hacer esto:
de herirse lugar aún no tuvieron,
y en voz airada, ya el temor pospuesto, 
Colo-Colo, el cacique más anciano,

a razonar así tomó la mano:

"Venía tras él Tomé, que sus pisadas
seguían los puelches, gentes banderizas
cuyas armas con puntas enhastadas,
de una gran braza y rrollizas;
y los trulos también, que usan espadas,
de fe mudable y casa movedizas,
hombres de poco afecto, alharaquientos,
de fuerza grande y chicos pensamientos".

Tomé


Gabriela Mistral
La marcha se nos ablanda
por un coro que no vemos
de ritmos que se enhebran
con sus agujas los cuerpos
y sin saberlo nos llevan
con merinos volanderos.

Qué lindo cantais telares
vuestro eterno jubileo
conociendo como Cristo
gozo y despedazamiento
samarinatos de lana
y miguelescos de aceros.

Más largo el día, más vivos
los carreteles, los émbolos
Castor y nutria han cobijo
Juan-Peón tirita al viento

Quedan lejos los telares
pero aún siguen con el viento
y que ellos nos van llevando
no saben indio ni ciervo.

Madejas de santo lino
algodones volenaderas
lanas en pechugas, lanas
de cordero que no venas
y el cáñamo de navajas
agrias que cortan el viento

El indio y el ciervo bien
los saben por el husneo
yo los manoteo y logro
me las gano y me las pierdo

Dichato


Alfonso Mora Venegas

Tres sombreros traigo para tus morros
y un oído fino
ahora que el quitasol ya no gira. 

Estaba en cama. Leyendo, 
Cuando una voz me dijo: 
"anda a verlo, ve a besar su pie desnudo, 
su arena de reloj sin tiempo".

Henos aquí, pues, olvidados del invierno
que derrumba sus potros, 
oyendo, sin perder palabra, 
la cítara del bardo
que sueña en la colina eterna. 

Va quedando poco tiempo nuestro, 
sin muchedumbre y sin apuro, 
tiempo para leer y conversar
y andar en la grupa de las nubes, 
sin mujeres yacentes ni tripulantes ebrios. 

Al fin solos, amigo. 
A un golpe de remo quedas de mi casa. 
Cuando la lluvia arrecie 
y aleje las músicas bonitas
vendré a verte con otros tres sombreros
que compraré al océano. 


Puerto de Tomé


Alejandro Chávez Bork 

Lejos de ti. Cruzado de emociones y llantos, 
Huyendo del diabólico silicio de los ruidos. 
Temeroso del aire. Enfermo de cansancio, 
Extranjero en mi patria acumulo esperanzas. 

Detrás del tiempo mueren mis angustias de niño. 
el ojo de las sombras, el búho, y su graznido. 
las cobras manejadas por el mar del invierno 
haciéndose bordados y espumas en la costa. 
El lúgubre quejido de la boya de la noche: 
los barcos sin mirada navegando en la lluvia 
y ese terror tan negro y ese morir tan hondo, 
que tenía mi puerto en las noches de invierno. 

Me duelen esas tardes de cholguas relucientes 
con su regusto fino de perfumado yodo 
y la fría crueldad del limón poderoso 
rompiendo sus entrañas con pequeños cuchillos. 
...¡Y la rosa sangrienta de los piures 
en su caverna de marfil antiguo 
repartiendo su roja geometría 
su biológico pan y su silencio! 

Suena tu caracola, viento que amó mi pelo. 
Sacude el litoral con tu látigo claro 
vuela a besar las cruces del alto cementerio 
inaugurando el luto de mis recuerdos.

Plaza de Tomé


Samuel Cortes Bruna

Moneda brincando en tintineos, 
Por azulejos albos de la fuente. 
Estallaron los rosales su perfume
Y los tilos murmuraron su sombra. 

En los bancos ruborosos de esperanzas, 
el crepúsculo extendió su capa, 
deshojándose en sones de tristezas. 

El busto del prócer imponente
dio su venia al galope de la noche, 
incendiando en furiosas estrellas
su entorno solitario y triste. 

En silencio amé a tus ojos
preguntando el por qué de mis ternuras. 
Tú mano descuidada rozó la mía
que huyó impaciente estremecida, 
por los confines de tu plaza misteriosa,
en pos de tu nombre claro y sencillo
que irá volando raudo, 
llevado por el viento del olvido. 

Cocholgüe


Benjamin Silva Mardones

Te quemaba el sol en las entrañas
como quema el dolor las alas de los pájaros
cuando la lluvia azota en sus canciones. 
Un día, lentamente, hacia el abismo fue cayendo
Sobre su antiguo lecho de sal y de misterio
Hasta dejar el cielo abierto y necesario. 

Desde entonces, extraños musgos 
vistieron de efímero colores
tus rocas ancestrales.
Naciéronte crustáceos de finas madreperlas
y azules caracoles treparon el silencio
junto a la boca inmensa de salitres solitarios. 

Antigua bruma, mezcla de pez y campesino, 
inquietos tordos y verdes suavidades
brotan los pajonales y nalcas primitivas. 
El aire que sobra a tus pulmones
viene sobre gaviotas, en blancas marejadas, 
cuando la noche presenta sus fantasmas. 

Y mientras tanto, amor, 
Yodosos piures; ¡Oh, sol de carne viva! 
Y la apancora de trenzas como garfios
Pueblan mi corazón de mar entristecido. 

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